Esta mañana fui a la uni pero no para ir a clase. Necesitaba información y tuve que ir a la biblio. Tengo un proyecto importante entre manos. Es la primera vez que me siento responsable, así que pienso hacerlo bien. Siempre me han dicho que soy listo. Yo les digo que no lo soy. No me siento listo, y no entiendo que me lo digan. En realidad deberían decirlo más. Deberían repetirlo más veces. Cuando todos admitan que soy listo, lo seré. Hasta entonces sólo creeré que me están haciendo la pelota.
Esta mañana me senté en la biblioteca a buscar el libro que Germán me recomendó. Germán dice que soy listo, así que busco sus libros. No logro recordar el título. Tecleo, y busco en el catálogo pero sin éxito. No es un libro vital para mi proyecto pero creo que puede estar bien. Mi madre dice que “Todo suma”. A ver si es verdad. Busco el libro en el catálogo. Una chica gorda no para de toserme en la cara. Una de sus tetas me tapa la pantalla y la aparto. Ella se ríe y me saca la lengua. Luego se va y me deja buscar.
Tengo que encontrar el libro.
Llamo a Germán por el móvil pero no responde. Estará en el tren, sin cobertura. Germán tiene una fijación con los trenes. Se pasa horas dando vueltas en un tren. Está orgulloso de no ser universitario, pero eso no sé a dónde le ha llevado.
Me levanto y pregunto a la bibliotecaria. Sostiene algo en la mano y le pregunto si puede ayudarme. Me mira y me dice: “Un momento.” Duda, y dice: “No sé dónde colocar esto.” “¿Qué es?” le pregunto. “No sé”, dice. Y duda. Entonces veo que es tuerta. Pero sigue siendo bibliotecaria, ¿no?, así que le pregunto: “¿Puedes ayudarme?” “Un momento” dice, y me da la espalda y mira lo que tiene en la mano. “Busco un libro” le digo. Pero ella está distraída.
Vuelvo al ordenador, pero ahora está ocupado. El chico del ordenador me mira fijamente. Me pregunto si tardará mucho. Los otros ordenadores están ocupados. El chico del ordenador teclea con furia. Lo miro con curiosidad. El chico teclea con furia y golpea el teclado. Me pregunto qué estará haciendo. El chico golpea la pantalla y se rompe y tira la silla al suelo, sudando. El chico me mira fijamente. Decido irme.
Llamo a Germán pero no contesta. Oigo un pitido a lo lejos. Es el tren que pasa por la uni. Me imagino a Germán en ese tren, sentado junto a una ventana y riendo. Me pregunto si algún día lo veré. Germán da vueltas en su tren y yo estoy en la uni. Me recomendó un libro y tengo que encontrarlo. Oigo cómo el tren se va. Me pregunto si quizás, en algún lugar…
El campus es enorme. Hay muchas biblios. Voy a otra a ver si ahí pueden ayudarme. Pienso en mi proyecto. Pienso que el libro que busco no es imprescindible, pero que puede estar bien. Supongo que podría pasar de él, pero decido darle una oportunidad. Cruzo el campus poco a poco. Hace calor, después de tantos meses de frío. Pienso que es una buena época para conocer gente. Para conocer mujeres. Pienso en mujeres, y en la teta que me tapa la pantalla. También pienso en una mujer, y veo un ojo tuerto. El calor me excita. Pienso que quizás debería llamar a alguien, a una chica.
De camino, junto a una arboleda, me encuentro a un grupo de chicos jugando al fútbol. O al básquet. Al fútbol con una pelota de baloncesto. Los veo discutir sobre las reglas del juego. Uno dice: “La pelota se puede botar.” Otro levanta una mano al cielo y grita: “Sólo con el pie. Sólo con el pie. Está prohibido con las manos.” El otro grita: “¡Es una pelota de básquet!”. Y el otro espeta: “Pero queremos jugar a fútbol.” La discusión me aburre y prosigo mi camino. Los chicos empiezan a correr y se oye un grito horrible. Me vuelvo y veo a un chico ensangrentado. La pelota desaparece entre los árboles y un chico corre a recogerla. El chico ensangrentado se sienta y se toca la nariz. Querría acercarme pero sus amigos no hacen nada, así que me desentiendo.
Llego a la biblio. Me quito el jersey y me siento ante un ordenador. Tecleo y busco el nombre del libro, pero sin suerte. ¿Cómo se llama? Cojo el teléfono y llamo a Germán. No responde. No sé cuánto le durará el rollo de los trenes. Le escribo un mensaje y se lo mando. Luego espero. Tecleo al tuntún un nombre en el ordenador. No me da el resultado. Me rasco la coronilla, estiro los brazos y sigo buscando. Luego me acerco al mostrador de recepción y pido ayuda a una chica. Me atiende con amabilidad y me dice que no sabe, que debería buscar en otra biblioteca. “¿En qué biblioteca?” pregunto. “Ciencias”, dice. Le pregunto si no puede decirme el nombre del libro, que tengo mucha prisa (y es mentira). Dice que no sabe, que pregunte en Ciencias. “¿Pero no puede decirme al menos de qué va?” le pregunto. La chica sonríe. Es tímida. No sabe. Comprendo y me voy.
El sol me quema los brazos. Enfrente de la biblio unos chicos se tocan y juegan. Unos chicos se tumban sobre una chica y la aplastan con sus cuerpos y se mueven sobre ella. La chica me mira y grita. Su voz sale a veces, interrumpida. Los chicos dan botes sobre ella y la aplastan. Alguien le golpea en la boca y le rompe el labio y los dientes. La chica se toca la boca y grita escupiendo sangre.
Pienso en mujeres, en la bibliotecaria tímida. Quizás debería llamar a alguien para follar. Me vuelvo y miro el edificio de la biblioteca. Quizás debería follar. No muy lejos, junto a unos árboles, oigo los chicos del fútbol o del básquet y me acerco. Unos cuantos se pasan la pelota con las manos y luego la chutan. No hay portería y la pelota se pierde entre los árboles. Otros se pelean todo el rato y se tiran de los pelos. Alguno hay que permanece a un lado y que a veces intenta jugar, pero las normas le desquician de inmediato y permanece a un lado. Nadie se atreve a jugar en serio. Las reglas no están claras.
Me pregunto dónde estará Germán y qué estará haciendo. Quiero hablar con él, porque él me recomendó el libro y necesito saber el título. Le llamo. No me coge el teléfono. Quizás me haya escrito un e-mail. Voy a la biblio en busca de un PC. Muchos están apagados o no funcionan. Pregunto a la tuerta si puedo usar el suyo. “Es urgente” le digo, “Necesito consultar el e-mail. Es urgente.” “Lo siento, no puede ser” me dice. “¿Y me deja el teléfono para llamar a Germán?” le digo. “No, lo siento” me dice. Alguien me toca el culo. Me vuelvo y la chica gorda me sonríe y me guiña un ojo. “Vete o te follo” le digo. “Vete ahora mismo o te follo aquí mismo.” Se me ocurre que puedo llamar a Germán desde una cabina y me voy corriendo.
Cruzo el campus en busca de una cabina. El sol me desgarra. Me cubro la cabeza con el jersey y corro. Necesito agua. Busco una fuente. Entro y pregunto por una fuente. La bibliotecaria mira en un mapa y me dice que ahí no hay. Que busque en otra parte. “¿Dónde puedo buscar?” le pregunto. “En otra parte, aquí no.” “Necesito follar” le digo. “Lo siento, no aquí.”
Salgo al sol del campus y me pregunto qué puedo hacer. Pienso que podría mirar en los estantes de la biblio, uno a uno. Quizás reconozca el libro. Corro hacia la biblio. De camino me suena el móvil. Lo abro y contesto. Es Germán, pero no me dice nada. “¡Germán, el libro!” le grito. “¡El libro!” Pero no se oye nada, y la llamada se corta. Vuelvo a llamar pero no me lo coge. Agarro el móvil y lo tiro contra el suelo. Le doy una patada.
Oigo un pitido. Es el tren que pasa por la uni. Quizás me ha llamado por eso. Tiro el jersey al suelo y corro hacia la estación por el bosque. Corro entre los árboles. Tropiezo con una pelota y caigo al suelo. Me rompo un labio. Me levanto y corro por el bosque. La sangre me corre por la cara. Oigo el pitido de nuevo. Esquivo a unos chicos que se pegan y se tocan tumbados en el suelo, dando saltos. Corro con ganas de follar. El sol me mata. El tren llega a la estación y yo con él. Busco el billetero para entrar. No lo encuentro. Se abren las puertas del tren y encuentro el billetero en el bolsillo. Lo saco y la gente sale del tren. “¡Germán!” grito, colocando el billete en la máquina. “¡Germán!” Entro en la estación cuando las puertas pitan. Corro hacia las puertas cuando se están cerrando y meto una mano entre las puertas. La mano dentro y el cuerpo fuera. Acerco la boca al hueco entre las puertas y grito: “¡Germán! ¡Germán!” Las puertas se abren y alguien me empuja hacia fuera. Caigo de culo al suelo cuando las puertas se cierran. El tren se va.
Pienso en Germán, y en mujeres. Necesito beber agua. Busco una fuente pero no la encuentro. Me acerco a una mujer de la estación y le pregunto: “¿Follamos?”