POESÍA

Hércules y Ónfale

El culo
de Ónfale
vencido
sucumbe.

- ¿Sientes
mi falo
punzante?
- ¡Qué macho!
El muy perro
me mata.
¿Qué sueño?
- … ¿Resistes?
Hércules
la encula.

TEATRO

ELENA: Príncipe, ¿en qué estado me has puesto?

MONY: ¡Elena, por su propio bien la he puesto cómoda! He sido para usted un buen samaritano. Una buena acción nunca es inútil y he hallado una recompensa exquisita en la contemplación de sus encantos. Es usted exquisita y Fedor [su amante] un afortunado bribón.

ELENA: ¡Ay, no volveré a verle nunca más! Los japoneses van a matarle.

MONY: Me gustaría sustituirle, pero por desgracia yo no tengo tres cojones.

ELENA: No hables así, Mony, cierto que no tienes tres, pero lo que tú tienes bien vale lo que tiene él.

MONY: ¿Es verdad eso, pequeña puerca? Espera que me quite el cinturón… ya está. Enséñame el culo… qué grande es, y qué redondo y mofletudo… Se diría un ángel a punto de soplar. ¡Mira!, empezaré dándote una azotaina en honor de tu hermana Culculina… clic, clac, pan, pan…

ELENA: ¡Ay, ay, ay! me estás poniendo cachonda, estoy completamente mojada.

MONY: ¡Qué espesos tienes los pelos!… clic, clac; es absolutamente preciso que ponga colorada tu cara de atrás. Mira, no está enfadada, cuando la meneas un poco se diría que se divierte.

ELENA: Acércate, que quiero desabrocharte, enséñame ese grueso angelote que quiere calentarse en el seno de su mamaíta. ¡Qué lindo es! Tiene una cabecita roja sin pelo. Y tiene pelos al pie, en la raíz, y son duros y negros… ¡Qué guapo es este huerfanito!… ¡Métemelo, venga! Quiero palparlo, Mony, quiero chuparlo, quiero conseguir que descargue…

MONY: Espera que te coma un poco la rosa del trasero…

ELENA: ¡Ay, cómo me gusta, siento tu lengua en la raja de mi culo!… Estás entrando y hurgando todos los pliegues de mi roseta. No despliegues demasiado el pobre hijo, Mony. Mira qué buen culo te pongo. Ay, has metido toda tu cara entre mis nalgas… ¡Ay!, que se me escapa un pedo… Te pido perdón, no he podido aguantarme… Tus bigotes me hacen cosquillas y además babeas… cochino, estás babeando. Dame esa gran pollaza que tienes, que la chupe… tengo sed.

MONTY: ¡Ay, Elena, qué lengua tan hábil tienes! Si enseñas ortografía tan bien como cortas las plumas debes ser una institutriz sorprendente… Ay, cómo me picoteas el agujero del glande con la lengua… Ahora la siento en la base del glande… me limpias el repliegue con tu lengua caliente. Ay, felatriz sin igual, cómo la chupas, no hay nadie que pueda comparársete. No chupes tan fuerte. Te has metido todo el glande en tu boquita. Me haces daño… ¡Ah, ay ay ay! Estás haciéndome cosquillas en toda la polla… ¡Ay, ay, que me aplastas los cojones!… ¡Qué dientes tan agudos!… Así, coge otra vez la cabeza del nudo, ahí es donde tienes que trabajar… ¿Te gusta el glande?… Pequeña guarra… ¡Ay, ay, ay, ay!… que me co… rro… cerda… se lo ha tragado todo… Venga, dame ese coñazo que tienes, que te lo voy a comer mientras se me vuelve a poner gorda…

ELENA: Más fuerte… Mueve bien tu lengua sobre mi botón… ¿Sientes cómo se pone gordo mi clítoris?… di… hazme las tijeras… Así… Mete bien el pulgar en el coño y el dedo índice en el culo. ¡Ay, cómo me gusta, cómo me gusta!… Mira, oigo a mi vientre hacer ruidos de placer… Así, así, tu mano izquierda en mi teta izquierda… Aplástame la fresa… Estoy gozando… ¡Mira!… ¿no sientes mis culadas y mis golpes de cadera?… ¡Cerdo! ¡Qué bueno está… ven a follarme!… Dame ahora mismo el cipote, que quiero chuparlo para que se ponga duro otra vez… ponte para el sesenta y nueve, tú encima de mí…

>> ¡Qué tiesa se te ha puesto, cerdo, no has tardado mucho… métemela!… Espera, que se me han pillado unos pelos. Chúpame las tetas… así, ¡qué bueno!… Entra bien hasta el fondo, no te salgas… Yo te aprieto ahora… aprieto las nalgas… Qué bien voy… ¡ay, me muero!… Mony, ¿hiciste gozar tanto a mi hermana?… ¡Empuja con fuerza!… Me llega hasta el fondo del alma… Ay, me hace gozar como si me muriese… ¡No puedo más… querido Mony, vamos juntos! ¡Ay, no aguanto más, lo suelto todo… me corro!

4 Responses to ““Las once mil vergas” de Apollinaire (I)”

  1. Jennifer Says:

    Me temo que tú y yo nunca coincidiremos en gustos literarios…

  2. kleefeld Says:

    Reconozco que estos no son los mejores extractos potenciales del libro. De los tres escogidos, me quedo sin dudarlo con el de Prosa, pero a medida que fui leyendo vi que incluso éste se quedaba corto en comparación con otros, que, como sé que tienes una vena masoquista muy desarrollada, transcribo aquí para tu goce y disfrute (es muy cortito):

    “Nací en 1874 en Arcángel, y en mi adolescencia ya sentía una amarga alegría cada vez que me castigaban. Todas las desgracias que cayeron sobre nuestra familia desarrollaron esa facultad de gozar con el infortunio y la agudizaron.

    Su origen debía ser un exceso de ternura. Asesinaron a mi padre, y recuerdo que, teniendo entonces quince años, sentí mi primer goce a causa de esa muerte. El sobrecogimiento y el terror me hicieron eyacular. Mi madre se volvió loca y, cuando iba a visitarla al asilo, me la meneaba mientras la escuchaba decir extravagancias de forma inmunda, porque creía haberse convertido en taza de retrete, señor, y describía los culos imaginarios que cagaban en ella. Hubo que encerrarla el día en que se imaginó que el foso negro estaba lleno. Se volvió peligrosa y llamaba a gritos a los poceros para que la vaciasen. Yo la escuchaba lleno de pena. Ella me reconocía.

    - Hijo mío – me decía-, ya no quieres a tu madre, te vas a otros retretes. Siéntate encima de mí y caga a gusto.

    ¿Dónde se puede cagar mejor que en el seno de una madre?”

    Grande, grande. Contrapunto ideal para mis lecturas de San Agustín, jaja

  3. kleefeld Says:

    Y, por otro lado… ¿quién quiere coincidir? :-D

  4. Jennifer Says:

    No pienso hacer el chiste fácil con Apollinaire… Pero eso de que tengo la vena masoquista muy desarrollada me lo vas a tener que explicar ;)


Leave a Reply