En clase nos hablan muchas veces del “cambio de paradigma”, de “los nuevos paradigmas del siglo XXI”, y de la importancia de “entender el presente (y sus paradigmas) para entender cómo será el día de mañana”. A mí los paradigmas me importan un bledo. Entiendo que haya quien busque hacerse un nombre en base a la categorización, el inventario exhaustivo y la catalogación vana de cosas vanas. Pero no me veo en ese futuro. De terminar en él, señal que algo muy malo ha logrado que me salga del camino bueno del Señor.
Poluciones nocturnas
¿Se puede hablar de un fin del cine?
Ante la pregunta formulada, mi primera reacción es pensar en los futuros proyectos de David Lynch, Alexander Sokurov o Alexander Kluge y sentir un nerviosismo y un interés que están muy lejos de parecerme muertos. También me pongo a reflexionar sobre aquellas películas que nunca fueron pero cuyo potencial me parece indiscutible (me refiero a las obras no realizadas de Fassbinder, Tarkovski o Bresson) y fantaseo con la posibilidad de que alguien, en alguna ocasión, pueda llegar a realizar alguna cosa muy parecida (o totalmente distinta) a lo que esos directores imaginaron. También aquí estoy muy lejos de sentir desinterés o hastío. Para nada. Así que, primera conclusión, desde un punto de vista eminentemente personal y emocional, casi privado, diría que no, que el cine está muy lejos de haber agotado su potencial.
Apuntes desangelados. Especial Strindberg
- ¿Que qué es la religión? Probemos algunas definiciones. Yo digo: la religión es Anschluss mit Jenseits; en cristiano: la vinculación con lo trascendente; el contacto con la fuente de energía…
- ¿Qué es entonces la fe?
- ¿Tú no eres creyente?
- ¡No!
- ¡Te engañas! Pues aquello que sabes, en realidad lo crees. Crees que hoy es martes, porque sabes que lo es. Así pues, crees bajo determinadas circunstancias. Pero, ¿cómo sabes que hoy es martes? Porque lo pone el calendario, me dirás. Pero en el calendario no pone que hoy sea hoy. Tiempo atrás yo tenía un amigo que fumaba opio y un día durmió durante treinta y seis horas. Cuando despertó, había perdido la conciencia del tiempo y del lugar. Su reloj se había parado, y para averiguar qué día era, miró en el calendario. Allí estaban desde luego todos los días del año y también ese día, pero no decía qué día era. ¿Cómo averiguarlo entonces? Preguntando a los demás. Pero los demás también te preguntan a ti, o a otros, así que todo es una convención que los astrónomos han establecido y que aceptamos de buena fe, ya que no podemos verificarla. Además, en América no es martes, sino lunes. Así que ya ves qué voluble y vacilante es tu conocimiento. Sin embargo, te crees lo que sabes, pero ¿sabes lo que crees? Sí, por supuesto, porque crees que lo sabes…
(En Banderas Negras, Edición Funambulista, pág. 156-157)