El molino de Dios

Setembre 10, 2009

El molino del universo, el molino de Dios, he aquí dos palabras que se me han vuelto familiares.

¿Habéis notado en vuestros oídos ese zumbido que se asemeja al ruido de un molino de agua?

¿Habéis observado en la soledad, de noche o incluso a plena luz del día, cómo se agitan los recuerdos de la vida pasada, igual que si resucitaran, uno a uno, de dos en dos? Todos los pecados cometidos, todos los delitos, todas las necedades, vienen a encenderos las orejas, a provocar sudores fríos, a agitaros con un estremecimiento que recorre vuestro espíritu. Revivís la vida vivida desde el momento de nacer hasta el día de hoy, sufrís una vez más los sufrimientos soportados, bebéis todos los cálices de amargura tantas veces bebidos, crucificáis vuestro esqueleto, porque no queda ya carne que mortificar, os abrasáis el alma porque vuestro corazón está ya consumido.

¡Conocéis eso!

Es el molino del Señor, que es de molienda lenta, pero que tritura fina e implcablemente. Sois reducidos a polvo, y os creéis acabados. Pero no, todo volverá a empezar y de nuevo seréis pasados por el molino. ¡Que seáis felices! Es el infierno en la tierra, así ha sido reconocido por Lutero, que considera una gracia especial el ser pulverizado de esta parte de los cielos empíreos.

¡Sed felices y agradecidos!

Extracto de “Inferno” de August Strindberg

POESÍA

Hércules y Ónfale

El culo
de Ónfale
vencido
sucumbe.

- ¿Sientes
mi falo
punzante?
- ¡Qué macho!
El muy perro
me mata.
¿Qué sueño?
- … ¿Resistes?
Hércules
la encula.

TEATRO

ELENA: Príncipe, ¿en qué estado me has puesto?

MONY: ¡Elena, por su propio bien la he puesto cómoda! He sido para usted un buen samaritano. Una buena acción nunca es inútil y he hallado una recompensa exquisita en la contemplación de sus encantos. Es usted exquisita y Fedor [su amante] un afortunado bribón.

ELENA: ¡Ay, no volveré a verle nunca más! Los japoneses van a matarle.

MONY: Me gustaría sustituirle, pero por desgracia yo no tengo tres cojones.

ELENA: No hables así, Mony, cierto que no tienes tres, pero lo que tú tienes bien vale lo que tiene él.

MONY: ¿Es verdad eso, pequeña puerca? Espera que me quite el cinturón… ya está. Enséñame el culo… qué grande es, y qué redondo y mofletudo… Se diría un ángel a punto de soplar. ¡Mira!, empezaré dándote una azotaina en honor de tu hermana Culculina… clic, clac, pan, pan…

ELENA: ¡Ay, ay, ay! me estás poniendo cachonda, estoy completamente mojada.

MONY: ¡Qué espesos tienes los pelos!… clic, clac; es absolutamente preciso que ponga colorada tu cara de atrás. Mira, no está enfadada, cuando la meneas un poco se diría que se divierte.

ELENA: Acércate, que quiero desabrocharte, enséñame ese grueso angelote que quiere calentarse en el seno de su mamaíta. ¡Qué lindo es! Tiene una cabecita roja sin pelo. Y tiene pelos al pie, en la raíz, y son duros y negros… ¡Qué guapo es este huerfanito!… ¡Métemelo, venga! Quiero palparlo, Mony, quiero chuparlo, quiero conseguir que descargue…

MONY: Espera que te coma un poco la rosa del trasero…

ELENA: ¡Ay, cómo me gusta, siento tu lengua en la raja de mi culo!… Estás entrando y hurgando todos los pliegues de mi roseta. No despliegues demasiado el pobre hijo, Mony. Mira qué buen culo te pongo. Ay, has metido toda tu cara entre mis nalgas… ¡Ay!, que se me escapa un pedo… Te pido perdón, no he podido aguantarme… Tus bigotes me hacen cosquillas y además babeas… cochino, estás babeando. Dame esa gran pollaza que tienes, que la chupe… tengo sed.

MONTY: ¡Ay, Elena, qué lengua tan hábil tienes! Si enseñas ortografía tan bien como cortas las plumas debes ser una institutriz sorprendente… Ay, cómo me picoteas el agujero del glande con la lengua… Ahora la siento en la base del glande… me limpias el repliegue con tu lengua caliente. Ay, felatriz sin igual, cómo la chupas, no hay nadie que pueda comparársete. No chupes tan fuerte. Te has metido todo el glande en tu boquita. Me haces daño… ¡Ah, ay ay ay! Estás haciéndome cosquillas en toda la polla… ¡Ay, ay, que me aplastas los cojones!… ¡Qué dientes tan agudos!… Así, coge otra vez la cabeza del nudo, ahí es donde tienes que trabajar… ¿Te gusta el glande?… Pequeña guarra… ¡Ay, ay, ay, ay!… que me co… rro… cerda… se lo ha tragado todo… Venga, dame ese coñazo que tienes, que te lo voy a comer mientras se me vuelve a poner gorda…

ELENA: Más fuerte… Mueve bien tu lengua sobre mi botón… ¿Sientes cómo se pone gordo mi clítoris?… di… hazme las tijeras… Así… Mete bien el pulgar en el coño y el dedo índice en el culo. ¡Ay, cómo me gusta, cómo me gusta!… Mira, oigo a mi vientre hacer ruidos de placer… Así, así, tu mano izquierda en mi teta izquierda… Aplástame la fresa… Estoy gozando… ¡Mira!… ¿no sientes mis culadas y mis golpes de cadera?… ¡Cerdo! ¡Qué bueno está… ven a follarme!… Dame ahora mismo el cipote, que quiero chuparlo para que se ponga duro otra vez… ponte para el sesenta y nueve, tú encima de mí…

>> ¡Qué tiesa se te ha puesto, cerdo, no has tardado mucho… métemela!… Espera, que se me han pillado unos pelos. Chúpame las tetas… así, ¡qué bueno!… Entra bien hasta el fondo, no te salgas… Yo te aprieto ahora… aprieto las nalgas… Qué bien voy… ¡ay, me muero!… Mony, ¿hiciste gozar tanto a mi hermana?… ¡Empuja con fuerza!… Me llega hasta el fondo del alma… Ay, me hace gozar como si me muriese… ¡No puedo más… querido Mony, vamos juntos! ¡Ay, no aguanto más, lo suelto todo… me corro!

PROSA

- ¿Qué significa la frase que me ha dicho el portero?- preguntó Mony:- “El general está mojando su panecillo en su huevo pasado por agua”.

- Mira- respondió Elena, y por una puerta entreabierta que dejaba ver el gabinete de trabajo del general, Mony vio a su jefe de pie y enculando a un delicioso niñito. Su pelo castaño y ensortijado le caía sobre los hombros. Sus ojos azules y angélicos contenían la inocencia de los efebos que los dioses hacen morir jóvenes porque los aman. Su hermoso culo blanco y duro parecía no aceptar sino con pudor el regalo viril que le hacía el general, que se parecía bastante a Sócrates.

- El general educa en persona a su hijo de doce años – dijo Elena.- La metáfora del portero era poco explícita porque, antes de comer él mismo, ha encontrado este método adecuado para alimentar y adornar la mente de su vástago macho. Le inculca por el fundamento una ciencia que me parece bastante sólida, y más tarde el joven príncipe podrá hacer un buen papel en los consejos del Imperio.

- El incesto produce milagros- dijo Mony.

El general parecía hallarse en el colmo de su goce, sus ojos se ponían en blanco con una estría roja.

- Sergio- decía con voz entrecortada,- ¿sientes bien el instrumento que, no satisfecho con haberte engendrado, ha asumido además la tarea de hacer de ti un joven perfecto? Recuerda que Sodoma es un símbolo civilizador. La homosexualidad hubiera hecho a los hombres semejantes a dioses y todas las desgracias nacen de ese deseo que los distintos sexos pretenden tener uno de otro. En la actualidad sólo hay un medio para salvar a la desgraciada y santa Rusia, y es que, pedófilos, los hombres profesen definitivamente el amor socrático; mientras que habrá que mandar a las mujeres a la roca de Léucade para que tomen lecciones de safismo.

Y lanzando un estertor de voluptuosidad, descargó en el delicioso culo de su hijo.

Fragmentos escogidos (I)

LIBRO IX

10. El día de su partida de esta vida era inminente – día que tú conocías y que nosotros ignorábamos-. Mi madre y yo nos encontrábamos solos, apoyados en la ventana desde donde se divisaba un jardín que había en el patio de la casa donde nos hospedábamos en Ostia Tiberina. [...]

Hablábamos los dos solos en dulce conversación. Tratábamos de olvidar las cosas pasadas y dirigíamos nuestra mirada al futuro. Queríamos saber delante de la verdad presente qué eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió. Dirigíamos los labios de nuestro corazón hacia aquella corriente celestial que mana de tu fuente – de esa fuente de vida que está en ti-. Y, en la medida de nuestra capacidad, queríamos ser inundados por ella y así formarnos de algún modo idea de cosa tan grande.

Nuestra conversación nos llevó a concluir que cualquier deleite de los sentidos corporales – por grande, visible y espectacular que sea- no se podía comparar [...] con el gozo de aquella vida. Luego nos elevamos, encendidos con mayor afecto, recorriendo como por escalones todos los seres corporales hasta llegar al cielo, desde donde el sol y la luna y las estrellas lucen sobre la tierra. Subimos todavía más arriba pensando, hablando y maravillándonos de tus obras. Entramos en nuestras almas para trascenderlas después y así llegar a la región de la abundancia indeficiente, donde tú apacientas a Israel con el alimento de la verdad. Y allí la vida es la Sabiduría, por quien todas las cosas que conocemos fueron hechas, todas las que han sido y serán. Ella no ha sido hecha por nadie: es ahora como fue antes y como será siempre. O mejor, en ella no hay fue ni será, sino sólo es, por ser eterna. Porque lo que ha sido o será no es eterno.

Y mientras hablábamos de la eterna Sabiduría – ansiando alcanzarla con todo el ímpetu de nuestro corazón- sentíamos haberla tocado por un instante. Luego, suspirando, dejamos prendidas en ella las primicias de nuestro espíritu. Y volvimos al estrépito de nuestra conversación, donde comienza y acaba la palabra, en nada semejante a tu Verbo, que permanece en sí, sin envejecerse y renueva todas las cosas.

Y nos decíamos: si hubiera alguien en quien no hiciese ruido la carne; si las imágenes de la tierra, del agua y del aire se mantuviesen en un quieto silencio; si callasen los mismos cielos y hasta la misma alma guardara silencio y se remontara sobre sí misma sin pensar en sí; si callasen los sueños y visiones imaginarias y si, por fin, callase toda lengua, todo signo y todo lo pasajero, ¿no dirían estas cosas, a todo el que tiene capacidad de oírlas: “No nos hemos hecho a nosotras mismas, nos ha hecho el que permanece para siempre”? Y seguíamos preguntándonos: Y si después de haber dirigido su oído al que las hizo, callasen, y hablase el Señor, no por ellas, sino por sí mismo, de modo que oyesen la palabra – no por lengua de carne, ni por voz de ángel, ni por el fragor de las nubes o a través de oscuras parábolas, sino a él mismo en ellas, a quien amamos en estas cosas, , ¿no le alcanzaríamos a él sin ellas como ahora nos elevamos tú y yo y tocamos fugazmente con el pensamiento la eterna Sabiduría, que permanece sobre todas las cosas? Por último, si este estado continuase y desaparecieran de él las demás visiones de las cosas inferiores, de manera que esta sola visión arrebatase, absorbiese y ensimismase en los gozos más íntimos al que los contemplara, de manera que para él la vida fuera eternamente la misma a ese instante por el que suspiramos, ¿no sería esto lo que deberíamos entender por las palabras “entra en el gozo de tu Señor“? Pero, ¿cuándo será esto, cuando por fortuna todos resucitemos, aunque no todos seamos transformados?

[...] Tú sabes, Señor, que aquel día charlamos de todo esto y que – mientras íbamos hablando- nos parecía más deleznable el mundo y todos sus placeres. Me dijo ella [mi madre]: “Hijo mío, por lo que a mí respecta, ya no encuentro placer en esta vida. No sé lo que hago ya ni por qué estoy en este mundo. No tengo nada que esperar en esta tierra. Había una sola razón por la que quería permanecer un poco más en esta vida. Quería verte cristiano católico antes de morir. Mi Dios me ha cumplido este deseo y aún más colmadamente de lo que yo deseaba. Te veo siervo suyo, que desprecia la felicidad de la tierra. ¿Qué hago yo aquí?”

Si alguna cosa se li ha d’agrair a la Tematologia, més enllà del menyspreu en què hagi viscut durant gran part del segle XX, i amb independència, també, de l’ús que en puguin fer els nous estudis culturals, és l’haver inventat una paraula tan equívoca com l’stoff, o, segons Trocchi, “catálogo temático de ascendencia positivista” (Trocchi, 2002: 4). A aquest mot es deu, com bé explica Trocchi al seu article, que haguem entès que el text no només està compost del tema o temes que hi puguin aparèixer, i que, en qualsevol cas, no hi ha una sèrie d’arquetips, o de patrons, que floten per damunt dels textos i de les persones tot determinant el seu aspecte o conducta. Aquesta és la principal crítica que s’ha fet al concepte d’stoff: que implica, en certa manera, l’existència abstracta de tota una sèrie de “materials” fora de la seva representació física, literària, o fins i tot conceptual; en altres paraules, dóna per suposat que hi ha diversos motius que segueixen vigents, i que romanen indestructibles, invariables, inviolables, per molt que se’ls usi i se’ls alimenti o, al contrari, per molt que un se n’hagi oblidat.

 Molts es van preguntar, en el seu moment, de què podia servir, als estudis literaris, una teoria tan abstracta, i tan aliena al propi text, com la stoffgesichte; poca cosa se’n podia fer, degueren dir, d’un seguit de matèries invisibles, inodores i inaudibles que, igual que déus, o com fantasmes, dominaven el món de les lletres sota les més diverses formes. I encara ara ens la podríem formular, aquesta pregunta, si no fos perquè, al seu lloc, n’ha aparegut una de ben diferent que ens ha modificat del tot la concepció que teníem de la Tematologia. Un canvi estratègic en la perspectiva d’aquesta línia d’investigació, proposada pels estudis culturals, ens ha obert els ulls a la influència innegable que exerceixen les construccions literàries o culturals com a portadors dels discursos del poder de què parlava Foucault. Gràcies al nou stoff, si se’m permet emprar l’expressió, s’entén com és possible que “la vida” no sigui només creadora de textos, sinó que es vegi modificada, inclús recreada, per una construcció sorgida del seu si: en un món clarament intertextual, on cada rostre, cada símbol i cada objecte és portador de significat i contingut, és inevitable que la informació viatgi, també, dels objectes a les persones, i que aquestes, com a éssers textuals, no tinguin més remei que acceptar i rebre el seu missatge com a integrant orgànic de la realitat en què viuen.

 En certa manera, el procés es podria veure com una actualització del canvi que patiren les idees de Plató en mans d’Aristòtil, quan, per fi, van abandonar el seu aïllament transcendent i diví per barrejar-se amb el fang, per convertir-se en part integrant i constituent de la matèria. Val a dir, però, que així com l’abstracció encara era present en les nocions de substància o d’accident, pilars fonamentals de la metafísica aristotèlica, quan parlem del nou stoff, ho fem amb plena consciència de què no hi ha res més enllà de l’objecte, és a dir, que no hi ha cap realitat, cap essència, que estigui per sobre d’allò que existeix. La cristal·lització del mite de Medea és possible, només, quan adopta una forma, quan se’l dota de cos i contingut. Es podria dir, a més, que no hi ha una altra Medea externa al “text” – entenent text en el sentit més ampli-, sinó que qualsevol interpretació del mite sorgirà a partir d’ella, d’aquesta versió (original). I si en algun moment Medea hagués de modificar, caracteritzar o influir d’alguna manera en l’art o la pròpia psique humana, serà, primer, perquè existeix en un punt concret, llegible i interpretable, i, segon, perquè l’home o la dona són susceptibles d’absorbir i interioritzar la seva mort per prendre’l com a referent.

 De totes formes, arribats a aquest estadi, ens podríem preguntar: i tot això, a on porta? Sens dubte, si seguim el camí traçat per la Tematologia, a dia d’avui arribem a aquell punt clau en què una disciplina ha gastat tots els recursos que hi havia al seu abast i ja no pot aprofundir més en les seves investigacions. És ara quan s’hauria de fer ús de la sociologia i de la psicologia, per exemple, si volguéssim esbrinar de quina manera cada comunitat interpreta la dualitat Jasó – Medea o com es llegeix el sacrifici dels fills segons l’estatus social o la cultura. La Tematologia, llavors, apareix com a una eina insuficient per explorar i descobrir el funcionament d’estructures i patrons textuals en el món de l’ésser humà, ja què, de fet, s’ha “limitat” a subratllar un fet, a remarcar-lo, sense accedir mai a una explicació total i global d’allò que el caracteritza. En conseqüència, l’èxit d’una hipotètica investigació sobre Medea passaria forçosament per una diversitat notable de disciplines, i la Tematologia, per a ella, no hauria estat res més que la porta d’entrada, o el tret de sortida.

 Acceptada, per un costat, l’evidència de què no hi ha una matèria etèria i volàtil que es manifesti als mortals a través de representacions, o, més ben dit, d’actualitzacions, de posades al dia de la seva essència; I acceptada, per l’altre, la necessitat imperiosa de fer ús de disciplines alienes a la pròpia per tal d’arribar més lluny en les cerques personals; tenint en compte tot allò que s’ha exposat en els paràgrafs precedents, i a mode de conclusió, ens podríem preguntar: què en fem, de conceptes tan nobles, i tan difícils de definir, com literatura, veritat, o humanitat? Seria possible veure aquestes tres paraules com a components d’un stoff particular, que s’ha anat repetint al llarg de diverses generacions com una espècie de leitmotiv i que després dels desastres de la Segona Guerra Mundial semblen haver caigut en desgràcia? Si hem estat capaços d’enderrocar la noció d’stoff representada pels germans Grimm, és a dir, aquella sèrie de mites i personatges ancorats en un subsòl imaginari i profund de la psique col·lectiva d’una nació, serem també capaços de reduir a pols aquesta sèrie de pretesos valors universals que ha acompanyat a centenars de milers d’escriptors i d’artistes diversos i que, fins i tot, els ha justificat i ha donat peu a la creació de milers obres d’indiscutible valor i d’una major repercussió encara?

 Com és possible sospirar per l’humanisme, pel saber, i pel futur de la humanitat, si darrere de l’humanisme, del saber i del futur de la humanitat no hi ha res més que un gran buit? Cada època els ha donat la seva càrrega particular, la seva missió temporal i concreta, però no són més que recipients, i s’han omplert d’idees i emocions de la mateixa manera que els llacs creixen – i es desborden- amb el cicle de la pluja. Per tant, no hauria de ser difícil entendre la idea pura, l’stoff, com un mercenari que obeeix a aquell que posa els diners i dóna de menjar. És més, potser no hi ha res més perillós que el moment en què la idea, en la seva immaculada puresa, s’estén pel món com una pesta i infecta tot allò on posa les mans, perquè en molts casos ens cega el reflex dels nostres ulls en l’esfera buida, perfecta i cristal·lina que l’envolta, i ens movem i actuem a les seves ordres quan creiem, per contra, ser nosaltres qui la dominem a ella. La idea pura és una construcció, una mentida, una ficció, com tantes altres.

 Què en fem, llavors, de la humanitat? Si parlar d’stoff, en moltes ocasions, era passar per alt el text, el context, i el suport on apareixia la idea, és probable que, en parlar d’humanitat, passem per alt, també, l’home i la dona, el nen i la nena, ja que en la seva visió individual, fragmentària i, per damunt de tot, incompleta, no hi podríem trobar massa característiques d’aquest patró al que anomenem humanitat i que ens ha descrit, durant tant de temps, a tants de nosaltres. No hi ha res d’humà en la humanitat. Ans el contrari, parlar d’humanitat és matar l’home i la dona, despullar-los de tot allò que els caracteritza. Per altra banda, és possible viure sense la virtut, sense la veritat, sense una fe cega en la justícia? Què ens queda si ens desfem de la humanitat? Quan es treu a l’home i la dona de tot el que els conformava com a espècie, quan la comunitat, el sentiment de pertinença, la transcendència, l’amor, es revelen com un seguit de construccions culturals, socials i psicològiques, què separa l’home i la dona de la bèstia?

 Potser es podria parlar de la “realitat psicològica” de l’stoff, d’aquell stoff que ha estat acceptat, assimilar i dipositat en l’inconscient. En tant que construcció, tot aquest “material” és text– igual que la realitat- i, al mateix temps, matèria per ser assimilada. Potser es podria admetre, al cap i a la fi, l’existència d’aquest stoff, si poguéssim penetrar dins de la nostra pròpia ment i descobrir-hi de què estem fets, si és que hi ha alguna cosa real per esbrinar. Veiéssim el que veiéssim, però, res no ens hauria de dissuadir que allò que tenim a dins, que és nostre, és impossible compartir-ho amb ningú, i que, per tant, la nostra solitud mai no podrà tenir nom, ni punt de comparació. Perquè la nostra solitud, inclús entesa com a construcció, és totalment equiparable a la solitud de la bèstia, i bèsties és el que som quan se’ns despulla del somni d’allò que és humà.

A la novel·la Der Tod des Virgil de Hermann Broch, a més d’un text que balla constantment entre la narrativa, la poesia i la divagació filosòfica sense decidir-se mai per cap dels tres i, tanmateix, comprenent-los a tots, un pot trobar, o reconstruir, més ben dit, una imatge poètica d’innegable força, la mort de l’escriptor llatí Virgili, acompanyada d’una sèrie de reflexions al voltant del poder i el deure del llenguatge, de la literatura, i de la simple possibilitat de conèixer i de saber. El protagonista de l’obra, el propi Virgili, fa referència diverses vegades a una certa dualitat, intrínseca al coneixement en sí, que es podria definir com un aprofundir cap enfora o, al mateix temps, un sortir d’un mateix en direcció a l’interior. En aquest doble moviment simultani, que aspira a abastar les interioritats exteriors i les aparences de l’essència, que puja cap al centre de la terra tot baixant als abismes celestials, s’admet que un dels requisits imprescindibles per captar un coneixement real de les coses (posat constantment en dubte) és, en certa manera, la mort de l’individu; en altres paraules, és necessari “morir” a nivell mortal per obrir-se a les dimensions de l’ésser, una mica com l’heroi schopenhauerià que havia d’anul·lar tot allò que fos voluntat per convertir-se en un simple espectador, un simple receptor/observador de la veritat. Virgili, mogut pel sentiment de culpa que li provoca el saber que mai no ha aconseguit ni tan sols apropar-se a l’objectivitat a la qual aspira, té la intenció de cremar l’ Eneida. Serà en les seves últimes 24 hores de vida que l’artista decidirà, o no, destruir la seva obra més preuada.

 

Hanna Arendt, en un article dedicat als textos que va publicar Broch, i parlant de La mort de Virgili en particular, comenta que la prosa de l’escriptor alemany està tan a prop de la lírica poètica d’Homer com de les investigacions filosòfiques més esmerades; igual que Joyce o Proust, té tant de poesia com d’elucubració abstracta. En qualsevol cas, el que es vol és remarcar, per un costat, que tota recerca de tipus transcendent, espiritual o artístic, ja sap, d’antuvi, que el seu objectiu no es veurà mai acomplert i que no serà mai possible arribar a res més que una simple intuïció (en paraules de Broch, una “intuïció profundament superficial”); per l’altre, mostrar com el voler arribar a un més enllà, tan particular dels romàntics, per poder captar una veritat, no només ha estat, ja de per sí, molt fructífer, sinó que a més a més ha provocat tota una sèrie de canvis dins del gènere novel·lesc que han influït de forma decisiva en la concepció que es pot tenir tant dels gèneres textuals com de les possibilitats expressives de tota narració. Per exemple: no diguem ja el fet d’abastar-la tota, però el simple anhel de cercar la veritat, de rastrejar-la, es veu obligat a adoptar noves formes, a mutar, a agafar allò que l’interessa de cada gènere, a convertir-se en un híbrid, a desdibuixar els seus propis límits, per apropar-se a una essència que, de tan intangible, reclama que tot aquell que decideixi abocar-s’hi es torni tan evanescent i escapadís com ella. En certa manera, no s’ha de deixar de veure la investigació artístico-literària com un cert ritual d’apropament, amb la seva litúrgia particular, que al final, com tants d’altres, també demana un últim sacrifici. I quin és aquest preu, tan petit i tan important a la vegada, que s’ha de pagar?

 

Michel Foucault, a l’article “¿Qué es un autor?”, parla de com l’individu desapareix, assassinat per l’obra, i de com aquesta tendència no troba cap altra ideologia en la qual comparar-se. La noció de sacrifici que he emprat abans, contemplada en negatiu, l’he treta del text del francès. Tot i així, i recuperant a Schopenhauer per uns instants, aquesta “mort” no ha de ser necessàriament vista com una pèrdua, sinó com un pas inevitable per arribar a una comprensió més gran de la realitat.

 

Però no és això de què volia parlar, sinó de com la teoria literària, en el darrer segle, ha adoptat les més diverses formes, i s’ha encarat de les més variades perspectives, per escapar d’una veritat de la qual, a priori, no podríem dubtar. Si la literatura, i les característiques de la literatura, no es busquen ja en el text, com en un principi es va fer, ni tampoc en l’autor, que està absent d’allò que, conscientment o inconscient, surt de les seves mans; i si després s’ha donat importància al lector, entès primer com a receptor, i més tard com a creador i re-creador del text, per acabar “finalment” explotant la manera amb què es defineix o no la literatura, de quina manera s’entén, etc., des del punt de vista de la institució i de la comunitat; si ha estat necessari donar tantes voltes, i obrir tantes portes d’investigació, és per què l’essència mateixa de la literatura no es podrà descobrir mai, igual que no es podrà descobrir mai ni l’essència de l’home ni l’essència de l’objecte. Les preguntes que ens formulem sobre el com, el per què, el qui i el quan, no són sinó per evitar fer-se la única pregunta fonamental, que en certa manera les inclou a totes elles, i que a través dels anys segueix restant sense resposta. Per apropar-se a l’essència ha estat necessari modificar, podríem dir, la “genètica” de la teoria, i enfocar-la des de tots els angles possibles. I, igual que al final de La mort de Virgili, tan plena d’esperança i serenor com desoladora, no ens queda entre les mans res més que una pura intuïció, res més que la simple necessitat de saber, que és d’on parteix tot.

 

De per sí, aquesta mena de transformació de la teoria, que es pot veure tan un “avançar constant” com un “expandir-se en totes direccions”, no té res de dolent, o no en tindria, si seguís mantenint-se com una unitat ferma i coherent de recerca. Amb les diverses lectures que hem fet a classe, però, he arribat a la conclusió – precipitada, sens dubte- de què cada línea de recerca només té ulls per a ella mateixa, i que la voluntat d’aprofundir en un sol coneixement i en una sola investigació ha estat més forta, posem per cas, que la necessitat de construir un sistema coherent en què s’incloguin totes les descobertes. S’ha oblidat, potser, i perdó si m’equivoco, l’objectiu principal de qualsevol investigació de caràcter literari, és a dir, la literatura mateixa. Res més lluny de la meva intenció que desvalorar la feina feta fins al moment, que indubtablement ha obert la porta a molts nous camins, i ens ha fet replantejar no només la noció de literatura sinó l’essència mateixa de l’ésser humà, que és, en el fons, allò que s’amaga darrere de qualsevol nom, de qualsevol tesi i de qualsevol desig. Llavors podríem dir que una possibilitat a explotar, que per descomptat no té res de nova, seria la de recuperar de nou tota una sèrie de valors “no-universals” i “no-objectius” que, a diferència d’unes recerques que sembla que ens hagin de condemnar a un ostracisme intel·lectual d’allò més aberrant, ens permetin de nou aspirar a un coneixement global, encara que la simple noció de coneixement tingui més de místic que no de practicable.

 

 

És obvi que s’hauria de cercar a la llum de tots els passos realitzats fins al moment, i en cap cas ignorant que la pretesa objectivitat a la qual més d’un ha aspirat és impossible. Més d’un ja s’ha encarregat de fer-nos veure que la teoria és tan orgànica i pretesament biològica com la literatura, i que, per tant, tan capaç de contradir-se i sobreviure’s a sí mateixa com la seva germana gran. Potser només es tractaria d’aplicar aquesta voluntat de recollir la totalitat de l’existència, tan ben representada per l’heroi de Broch, i aplicar-la a una ciència que a vegades sembla ser més una cadena lògica de pensaments que no una demostració d’amor cap a les lletres, cap a les dones i els homes, i tot allò que forma part de la nostra herència com a espècie.

Apuntes desangelados (VI)

Novembre 26, 2008

De Malone Muere, segunda parte de la famosa trilogía de Beckett formada también por Molloy y El innombrable.

“Pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto. El próximo mes quizás. Será, pues, abril o mayo. Porque el año acaba de empezar, mil pequeños indicios me lo dicen. Tal vez me equivoque y deje atrás San Juan e incluso el 14 de julio, fiesta de la Libertad. Qué digo, tal como me conozco, soy capaz de vivir hasta la Transfiguración o la Asunción. Pero no creo, no creo equivocarme al decir que dichas fiestas, este año, se celebrarán sin mí. Tengo esa sensación, la tengo desde hace algunos días, y espero no engañarme. Pero, ¿en qué se diferencia de aquéllas que me confunden desde que existo? No, esta clase de preguntas no me preocupa, en lo que a mí respecta ya no necesito ser original. Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera quererlo, si pudiera proponérmelo. Pero mejor dejarme morir, sin precipitar las cosas. Algo debe de haber cambiado. No quiero ya inclinarme, ni en un sentido ni en otro. Seré neutral e inerte. Me resultará fácil. Sólo hay que tener cuidado con los sobresaltos. Por otra parte, me sobresalto menos desde que estoy aquí. Evidentemente aún siento de vez en cuando impulsos de impaciencia. Y de ellos debo defenderme ahora, durante quince días o tres semanas. Sin exagerar nada desde luego, llorando o riendo tranquilamente, sin exaltarme. Sí, por fin seré natural, sufriré todavía, después menos, sin sacar conclusiones, me escucharé menos, no seré frío ni caliente, seré tibio, moriré tibio, sin entusiasmo. No me miraré morir, eso lo falsearía.”

” [...] mejor que nunca comprendía la inextinguible esperanza de las masas de creaturas; entendía lo que allá abajo deseaban voces y más voces [...] las entendía cuando se aferraban inquebrantables e indomables a su fervor, [...] gritando fuera de sí [...] que debía haber en el matorral una voz distinta, más fuerte, extraordinaria, una voz de caudillo, a la que bastaría que se unieran para poderse abrir todavía una senda terrena en la maraña de la existencia, llevadas por el esplendor de esa voz [...]; y reconociendo esto, vio, entendió, comprendió mejor que nunca que su propia aspiración se distinguía de esta ruda pero más honesta voluntad de violación del rebaño enloquecido en la forma y en el envanecimiento, pero no en el sentido y el contenido; comprendió que él solamente había ocultado la simple angustia de criatura, que le tenía prisionero exactamente con la misma fuerza, disfrazada de nostalgia por la unidad omnicomprensiva del orden [...]“